Tuesday, 18 April 2017

001 Con los croatas de Sud América (1929-1931) - Dr. Vjekoslav Vrančić


El Dr. Vjekoslav Vrancic y el presente texto
(Nota del traductor)

Vjekoslav Vrančić nació en Ljubuški, Herzegovina, en 1904. Estudió en el Colegio Comercial de Mostar y luego en la Academia Comercial de Sarajevo. Al recibirse, trabajó en la Oficina de Seguros para los Trabajadores.

A fines de 1929 renunció y emigró al Uruguay, partiendo desde Amsterdam. Siendo empleado del frigorífico Switf en Montevideo, le llegó el nombramiento, a mediados de 1930, como Delegado para la Emigración para la América del Sur del Ministerio de Asuntos Sociales, con base en Buenos Aires.

La estadía de Vrančić en Buenos Aires comenzó en el año de la gran crisis económica. Como Delegado para la Emigración, desarrolló una gran actividad buscando trabajo para los inmigrantes croatas en Argentina y, para aquellos que ya no podían luchar más, les arreglaba viajes de retorno gratuito a su patria. Durante su trabajo de 14 meses como Delegado, arregló el retorno de más de 4400 personas que se encontraban en Argentina, Uruguay, Brasil y Chile.

En Buenos Aires colaboró con el patriota croata Ing. Ivo Colussi, quien editaba el periódico “Croacia” en idioma castellano. Su actividad política incluyó también ayudar a traer a la Argentina al Dr. Branko Jelić, quien estableció la organización “Hrvatski Domobran” (La Defensa del Hogar Croata).

El Dr. Vjekoslav Vrančić estuvo en América del Sur (Uruguay, Argentina y Chile) desde octubre de 1929 hasta agosto de 1931.

En agosto de 1931 Vrančić retornó a Europa. Se trasladó a Viena donde continuó sus estudios. Se graduó en 1934 y recibió el doctorado en economía en 1936. Actuó políticamente en Croacia durante la Segunda Guerra Mundial, terminada la cual regresó a la Argentina donde continuó su actividad política y escribió varios artículos y libros. Su obra más extensa es el libro en dos tomos: “Branili smo državu” – Defendimos el Estado, con un total de 870 páginas, que fue editado en 1985.

Del extenso libro del Dr. Vrančić hemos traducido seis capítulos de la sección que lleva como título EN AMÉRICA DEL SUR.

El texto que hemos traducido constituye una fuente de primera mano para conocer la historia de los croatas en América del Sur, y particularmente en la Argentina.

El Dr. Vjekoslav Vrančić falleció en Ramos Mejía el 25 de marzo de 1990.

Dr. Vjekoslav Vrančić
Branili smo Državu – Defendimos el Estado

En América del Sur

Capítulo 1. MONTEVIDEO

En Amsterdam nos ubicaron en una posada para emigrantes, propiedad de la empresa de buques, en cuyo barco viajamos. Allí nos encontramos con algunos cientos de judíos que emigraban de Polonia y del Báltico. Emigraban familias enteras, con todo lo que podían traer con ellos.

El 7 de septiembre de 1929, nos embarcamos en el buque "Gelria", de 20 mil toneladas cúbicas, y cada uno fue a su destino. Nuestro grupo fue ubicado en el centro de la nave, en cabinas para cuatro personas. Los emigrantes judíos recibieron grandes dormitorios comunes en la proa y en la popa de la nave. Seguramente eran más económicos que los nuestros. De ellos nos enteramos que se trasladaban a Brasil, y que organizaciones judías internacionales les negociaron la entrada a ese país.

Mi compañero de viaje Pero (Pedro) prefería pasar el tiempo con los inmigrantes judíos. Para él, era una experiencia entenderse con las personas que hablaban una lengua extranjera. De hecho, Pero se entendía fácilmente con los judíos de Polonia, haciéndoles preguntas usando las palabras más simples y ellos respondiendo de la misma manera. A la noche venía a verme, y me contaba la que había escuchado y visto. Su relato siempre terminaba con el pensamiento: "Dios mío, veo que ni siquiera somos los más miserables en el mundo!"

En nuestro camino nos detuvimos en los puertos españoles de Vigo y La Coruña, y luego en Lisboa, Portugal. En todos estos puertos abordaban viajeros españoles y portugueses, repatriados o nuevos emigrantes, que iban a lo de sus familiares. Por último, antes de dar la espalda por completo al Viejo Mundo, nos quedamos un par de horas en el puerto de Las Palmas en la Gran Canaria. Después de unos días de mar abierto, llegamos al puerto brasileño de Pernambuco. Allí el barco recaló y recibió carga, luego se detuvo en Río de Janeiro y Santos, donde descendió la mayoría de los pasajeros y la mayor parte de la carga.

A Montevideo llegamos el 1 de octubre de 1929. A Pero lo recibieron sus coterráneos, y a mí me estaba esperando mi amigo Mate (Mateo) Rebac. Hijo del supervisor de guardabosques Mijo (Miguel), Mate, después de la proclamación de la dictadura real (6 de enero de 1929) decidió emigrar a América. Ya como estudiante del séptimo año de la escuela secundaria tenía problemas disciplinarios. Fue a Zagreb por un corto tiempo y luego regresó a su casa. De naturaleza inquieta y rápido para las palabras, era un problema para la policía, y el padre temía que Mate terminara en prisión. Estuvo de acuerdo en que su hijo emigrara a América, le pagó su viaje y le dio un poco de la herencia. Eligió Uruguay, por las mismas razones que yo, después de él. En ese momento no podíamos emigrar a otros países.

El primer día de mi estadía en Montevideo me alojé con Mate en su piecita. Conversando me pintó la situación en Uruguay de color negro. Hacía ya cinco meses que él estaba en Montevideo, pero no había comenzado a trabajar. En Montevideo, había un número de agricultores de Herzegovina, la mayoría de los cuales trabajaban en la construcción, especialmente en la construcción de un gran estadio donde se iba a llevar a cabo la próxima Copa del Mundo. Se ayudaban entre sí y ninguno de ellos pasaba hambre, ni Mate tampoco.

Conmigo en el viaje traje suficiente dinero para vivir modestamente unos dos meses sin ingresos. A mi madre le dejé fondos para tres meses de vida. Por lo tanto, tenía que empezar a ganar dinero lo antes posible. No podía contar aún con un trabajo de oficina o algo similar. Mi conocimiento de la lengua española no era suficiente para eso. Mis conocimientos de alemán, italiano, francés que obtuve en la escuela y que amplié después de la graduación, no me servían. El conocimiento de la lengua italiana facilitó mi aprendizaje del español, y me ayudó a orientarme.

Los alimentos en Montevideo, afortunadamente no eran caros. Por medio peso, lo que es igual a medio dólar, se podía conseguir un trozo considerable de pescado frito o comida similar con un pedazo de pan. Durante el primer mes ese fue mi almuerzo y por la noche bebía café con leche o una taza de leche caliente con pan.

Mis coterráneos cercanos, herzegovinos, sabían que yo que estaba dispuesto a aceptar cualquier trabajo, pero me convencían de ser paciente, hasta que consiguiera un empleo que se adecuara a mis condiciones, y que no me preocupara por la subsistencia. Ellos eran campesinos: Ilija Stanić de Vitina, Marko Džeba e Ivan Blažević de Buna, cerca de Mostar, Ivan Musa de Čitluk, dos hermanos de apellido Primorac, y otros cuyos nombres no recuerdo ahora. Pero yo estaba obsesionado por la responsabilidad que tenía con mi madre y hermana, así que no podía aceptar su oferta.

De hecho, después de estar un mes en Montevideo acepté un lugar de sirviente en la familia del industrial Platera-Frühling. El doble apellido del industrial releva su ascendencia valona-flamenca. Conseguí ese empleo por medio de Jure Marinović, quien era natural de Podgora cerca de Makarska. Antes de su llegada a Uruguay, Jure había trabajado en Francia y aprendió el idioma, gracias a lo cual consiguió su empleo en lo de la familia Platera.

La señora Platera era uruguaya, hija de padres franceses. Ella tenía tres hijos, y estaba tratando de encontrar un sirviente con quien hablar en francés, para que los niños se vean obligados a utilizar ese idioma. En sus dos años de estadía en Montevideo, Marinović aprendió también el español, y obtuvo un buen empleo en uno de los mejores hoteles.
Antes de abandonar el lugar, la señora Platera le pidió que la ayudara a encontrar un reemplazo. A fin de satisfacer ese pedido, Marinović vino a buscar entre nosotros, los croatas, a ver si podía encontrar a alguien que estuviera dispuesto a tomar su lugar. Al enterarme de esta posibilidad, le pregunté a Marinović y accedí a ir con él al día siguiente a lo de la señora Platera. Todos mis amigos querían disuadirme de mis intenciones, pero yo ya estaba decidido a tomar cualquier trabajo.

A mis amigos, entre los que se encontraba ahora también Iko Čizmić, de Zadvarje cerca de Omiš, les respondí que me informaran si aparecía la posibilidad de un empleo mejor, y que yo voy a trabajar como sirviente, si la Sra. Platera me acepta. Al día siguiente me llevó Marinović a una zona residencial de la ciudad, en la calle Agraciada, donde se encontraba la residencia de la familia Platera-Frühling. Fui presentado a la señora, quien empezó a conversar conmigo.

Parece que mi conocimiento del francés le satisfizo, porque después me dijo que podía empezar a trabajar al día siguiente. Iba a tener mi pequeña habitación, comida y 20 pesos de salario mensual. Al día siguiente mudé mis cosas y empecé mi trabajo, en el cual el primer día me guió Jure Marinović.

Mis primeros días de trabajo me costaron mucho, era un trabajo con el que no estaba familiarizado. Pero yo pensaba en la ayuda que necesitaba enviar a mi madre, y me alentó la esperanza de que con el tiempo iba a lograr un empleo más adecuado.

Por suerte, ¡el cambio llegó sorpresiva y rápidamente! Quince días después de comenzar mi empleo, me visitó Iko Čizmić y me comentó que su hermano Jozo, quien trabajaba en el frigorífico "Swift", se enteró de que había un lugar libre para un empleado calculista.

Ese trabajo lo estaba haciendo hasta ese momento Mario De Vusio, hijo de optantes italianos (nacidos en Croacia que habían optado por la ciudadanía italiana) de la isla de Vis, a quien habían ascendido en el trabajo. Mario hablaba perfectamente el croata y era amigo de los croatas, por lo que le comentó a Jozo que había una vacante. Al enterarse de esta posibilidad, Iko le comentó a su hermano de mi caso, y él se comprometió a presentarme a Mario.

El frigorífico "Swift" estaba ubicado en un suburbio llamado Cerro. De hecho, es una colina que cierra al oeste el puerto natural de Montevideo. El trabajo en el frigorífico comenzaba a las 7 de la mañana y tenía que reunirme con Jozo antes de esa hora para que me presentara a Mario. Por lo tanto no tenía otra opción más que conseguir que la señora Platera me diera un día libre. Con el pretexto de que desde mi patria había llegado un primo, la señora me permitió que esa noche fuera a la ciudad y tendría libre el día siguiente.
Al otro día a primera hora de la mañana fui con Ike al barrio del Cerro, en un pequeño barco que lleva a la gente desde el Puerto a los suburbios. Iko allí me contactó con Jozo, y éste me llevó al frigorífico. Después de eso el trámite se realizó de forma rápida y terminó con éxito.

Antes de ir a su lugar de trabajo, Jozo me presentó a De Vusio. Mario era un hombre de unos treinta años de edad, delgado, mediterráneo, de vivos movimientos, agradable. Había terminado el sexto año de la escuela secundaria en Split (Croacia). Su educación fue interrumpida cuando su padre decidió mudarse a América del Sur, porque como optante italiano no se sentía cómodo en la isla de Vis. En "Swift" trabajaba desde hacía cinco años en el departamento de cálculo industrial.

Ahora se había convertido en el segundo jefe del departamento de producción, y buscaba quién lo pudiera reemplazar. En su oficina me explicó el tipo de cálculo que realizaba, basado esencialmente en el sistema de medición anglo-americano, en pies y pulgadas. Entonces me preguntó: ¿crees que podrías realizar esta tarea? Le respondí que podía. Conmigo había llevado mi certificado de escuela secundaria, y cuando se lo mostré ya no dudó de esa posibilidad.

Después de la entrevista me llevó al contador principal, quien luego de una breve conversación, dijo que tengo que pasar un examen escrito. Me dio un par de hojas impresas para cálculos, que debía resolver. A eso del mediodía le entregué mis soluciones, y por la tarde me comunicó que podía empezar a trabajar. El salario sería de 70 pesos, y se deducirían unos 4 pesos para el seguro de los trabajadores. Los pagos serían quincenales.
De Vusio me felicitó y me pidió que cuanto antes empezara a trabajar. Me llevaron al departamento de personal, donde di mi información personal y recibí una tarjeta de identificación para tener acceso libre al frigorífico. Yo estaba feliz. Podría enviar a mi madre la mitad de mis ganancias, equivalentes a aproximadamente 1.800 dínares (moneda de la entonces Yugoslavia), cantidad suficiente para que dos personas pudieran vivir modestamente. Me tendría que arreglar con la otra mitad.

Esperé a Jozo Čizmić, mientras terminaba su jornada de trabajo. Le comenté el resultado y le agradecí por el favor. Se alegró de que me dieran el empleo, y aún más, de que no se había equivocado cuando me recomendó a De Vusio. 







Traducción realizada por el magister José María –Joza– Vrljičak

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El magister José María –Joza– Vrljičak es el director de la revista Studia Croatica desde 1994.

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