"La fraternidad y la unidad de los pueblos de Yugoslavia" en vez del derecho de autodeterminación
Ivo Bogdan, Buenos Aires
Studia Croatica, Volúmen 9, 1962
Los supuestos insostenibles de las protestas del gobierno comunista yugoslavo contra las actividades de los exilados croatas en Alemania Occidental
El 29 de noviembre de 1962, "Día de la República" o fiesta nacional de la Yugoslavia comunista, se conmemoró un nuevo aniversario de la proclamación de la restauración de Yugoslavia y del gobierno comunista. Ese día, en muchas capitales del mundo libre, donde viven nutridos grupos de exilados de Yugoslavia, hubo manifestaciones y se produjeron incidentes[1]. Sus autores fueron mayormente refugiados croatas. En algunos casos organizaron manifestaciones anticomunistas, en forma separada, los exilados servios, partidarios de la monarquía yugoslava. Mientras sus demostraciones fueron de carácter exclusivamente anticomunista, los exilados croatas protestaron no sólo contra el régimen comunista yugoslavo sino también contra Yugoslavia como tal, reclamando la libertad y el derecho de autodeterminación para los croatas y los demás pueblos y minorías oprimidos en el Estado plurinacional de Yugoslavia. Dichos incidentes fueron registrados principalmente por la prensa de los países respectivos. Sin embargo, las manifestaciones de los exilados croatas en Bad Godesberg, donde tiene su sede la mayoría de las representaciones diplomáticas acreditadas en Bonn, fueron registradas por la prensa de todo el mundo. Un grupo de unos treinta jóvenes croatas demolió las oficinas de la ex embajada yugoslava que, tras la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Bonn y Belgrado, funcionaba como sede de la delegación comercial yugoslava, Los manifestantes no se dieron a la fuga sino que procedieron a cara descubierta, portando cartelones con inscripciones alusivas al derecho de autodeterminación de Croacia.
Todos estos incidentes que menudearon este año, obligaron al gobierno comunista yugoslavo a lanzar dentro del país una campaña contra los emigrados croatas y, con motivo de lo ocurrido en Bad Godesberg, a acusar al gobierno de Bonn de apoyar las actividades de los exilados enderezadas no solo contra el régimen, sino también "contra la integridad de Yugoslavia". Aun más, el gobierno comunista yugoslavo, con una serie de notas y protestas diplomáticas, no se limitó, como sería lógico, a exigir la indemnización de los daños y perjuicios y el castigo condigno de los autores, sino que pidió que "en forma permanente y radical" se prohíba la actividad de todos los exilados croatas, que suman varios millares, en Alemania Occidental. Los dirigentes comunistas yugoslavos motivaron ese pedido sosteniendo que los exilados croatas trabajan "contra la integridad de Yugoslavia". Salta a la vista el hecho absurdo de que los comunistas yugoslavos exigen que se adopten severas sanciones por parte del gobierno de Alemania libre contra los croatas que reclaman el derecho de autodeterminación, siendo público y notorio que esos mismos dirigentes comunistas yugoslavos, siguiendo la política soviética, se oponen a la integridad de Alemania y a su unificación mediante elecciones libres, lo que provocó en 1957 la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Bonn y Belgrado. La campaña actual contra los exilados croatas va dirigida precisamente contra el derecho de autodeterminación de la nación germana respecto a su unificación, pues eso equivaldría a la liquidación del gobierno comunista de Alemania Oriental, impuesto por fuerza al igual que en Croacia.
Al reclamar de un gobierno democrático la adopción de medidas antidemocráticas contra todos los exilados croatas sin distinción, con el fin de proteger "la integridad del Estado yugoslavo", Belgrado puso sobre el tapete internacional el problema de si se justifica o no la existencia de un Estado plurinacional, religiosa y culturalmente heterogéneo, como es Yugoslavia.
Dicho Estado se constituyó en 1918 mediante la anexión de los territorios que hasta entonces formaban parte de Austria-Hungría. Se desintegró en 1941, para ser restablecido en 1945 por los comunistas. En ningún caso a los pueblos y las minorías incorporados a Servia se les brindó la oportunidad de decidir sobre su status político conforme al derecho de autodeterminación.
Es evidente que fuertes razones dictaron semejante proceder a los jefes comunistas yugoslavos con motivo del incidente ocurrido en Bad Godesberg, pues saben que están desmintiendo su propia afirmación de que habían eliminado los conflictos internos y nacionales realizando "la fraternidad y unidad" de todos los pueblos de Yugoslavia. Reconocer públicamente, en documentos oficiales, dirigidos a un gobierno extranjero, que las relaciones internas en Yugoslavia son tan tensas que las actividades de los exilados croatas constituyen un peligro para "la integridad estatal de Yugoslavia", implica reconocer que el régimen comunista no logró allanar el antagonismo nacional entre los servios y los croatas. Es conocido de sobra que dicho antagonismo causó la desintegración del Reino de Yugoslavia en 1941 y la subsiguiente guerra, larga y cruenta, entre los servios y los croatas. Los comunistas aprovecharon ese antagonismo durante la guerra recibiendo ayuda militar y luego el reconocimiento diplomático por parte de las democracias occidentales, a las que habían convencido de ser ellos los únicos capaces, y no la desacreditada dinastía servia, de superar los conflictos nacionales en el conglomerado yugoslavo, eliminando así la peligrosa fuente de conflictos y fricciones en la turbulenta zona balcánica. Por ello, mientras hoy piden apoyo de los gobiernos extranjeros para resguardar "la integridad estatal de Yugoslavia", contradicen su tesis fundamental con que antes justificaban no sólo la existencia de su régimen, sino también del Estado de Yugoslavia.
Artículo completo en: http://www.studiacroatica.org/revistas/009/00901.htm
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