Friday, 18 November 2011

Anton Knezevic - Rusia y Europa

Rusia y Europa


Anton Knezevic, Münster, Westfalia

Studia Croatica, Volúmen 7-8, 1962

Ya en el siglo pasado Pobedonoscev, entonces procurador general del Santo Sínodo ruso, constató la antítesis Rusia-Europa: "Rusia y Europa -recalcó- se comportaban entre sí como el día y la noche, como la luz y la oscuridad."

Rusia era para Pobedonoscev un orden social; Europa, una anarquía. Es curioso que al enfoque de este ruso se adhirió también el filósofo alemán Oswald Spengler, quien sostuvo que no hay un contraste tan grande como el que se da entre Rusia y Occidente.

Esta antítesis, sumada a los interrogantes: ¿pertenece Rusia al Occidente? ¿Los rusos son europeos u ocupan un lugar especial entre Asia y Europa? ¿Son los rusos advenedizos en la cultura occidental o la avanzada de una cultura en eclosión?, constituyen desde el siglo pasado el tema principal de los pensadores rusos.

Occidente prestó su atención a esta temática sólo después que el gran imperio del Este fue sovietizado, agudizándola recién al término de la segunda guerra mundial, cuando la Rusia Soviética pretendió ser el país destinado a un nuevo orden social y a una nueva cultura, esforzándose por imponerlos al mundo entero.

El punto de partida para esclarecer esta problemática tan compleja estriba en la posición que asumamos respecto a la influencia cultural de Europa sobre Rusia -por un lado- y del juicio de los rusos sobre el valor de su propia cultura en comparación con la occidental, por el otro.

I. Los pensadores rusos pro y contra Occidente

En primer lugar cabe examinar la opinión de aquellos rusos que niegan la cultura e historia propias de su país. Aquí, entre otros, hemos de nombrar ante todo al pensador Chadajev y al conocido escritor Chernishovski, pues ambos opinaban ya en el siglo pasado que esta supuesta falta de la cultura, así como el atraso general, ofrecían la posibilidad de salvación de su patria. Otro grupo de los pensadores rusos sostenía que Rusia llegó a ser una nación civilizada recién desde los tiempos de Pedro el Grande (1672-1725). Para el conocido filósofo ruso Vladimiro Soloviev, las reformas del emperador eran tan sólo una adhesión exterior al Occidente, sólo el primer caso, la Rusia secularizada presenta -para él- idéntico espectáculo que la decadencia de la Europa secularizada. La esencia de la decadencia moral de Europa y de Rusia consistía, y en esto coinciden Soloviev y Dostoievski, en el ateísmo y en el alejamiento de Dios en general. El juicio de Soloviev en cuanto a Europa era: la humanidad envejeció y Europa perecerá por causas internas y externas (peligro amarillo).

El grupo netamente antioccidentalista -llamado eslaváfilo- combatido por los prooccidentalistas (zapádniki) que bregaban por la integración cultural con Europa poniendo en duda la madurez cultural de Rusia, creía en la misión mundial de su país, haciendo resaltar el ordenamiento social específico de Rusia. Los eslavófilos atacaban a Pedro el Grande, presentado en una difundida leyenda popular como el Anticristo; censuraban sus reformas y la cultura occidental, oponiéndoles el espíritu y la cultura rusos. En base a su valoración negativa de la influencia cultural europea sobre Rusia, los eslavófilos hacían resaltar la autocracia la ortodoxia y la nacionalidad, es decir, un zar, una religión y un pueblo como bases de una verdadera política rusa, tanto estatal, nacional y cultural como eclesiástica. Estas bases están hoy día de nuevo en resalte, con la diferencia de que hoy, el lugar de Dios y el zar lo ocupan el Estado y su Partido, mientras que la llamada cultura tradicional vernácula, como asimismo la Ortodoxia con su representante el Patriarca de Moscú, siguen desempeñando al lado del marxismo un papel importante.
 
Artículo completo: http://www.studiacroatica.org/revistas/007/00714.htm

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