La literatura renacentista croata
Ante Kadic, Indiana University, Bloomington, EE.UU.
Studia Croatica, Volumen 9, 1962
El Renacimiento croata se desarrolló a lo largo de la orilla oriental del Adriático, en las ciudades costeras de Dalmacia y en las islas vecinas, en la estrecha faja del territorio que se salvó de la conquista turca. La, literatura de este período es considerada como comienzo de las creativas letras croatas y como base del resurgimiento croata, conocido también como movimiento ilírico producido tres centurias después. ¿Por qué se desarrolló la literatura en ese reducido territorio, amputado del reino húngaro-croata y anexado a la República de Venecia (1409-20) y cuyos altos funcionarios administrativos, militares y a menudo eclesiásticos se importaban de Venecia? Una breve reseña de lo que pasó en la costa dálmata -rocosa y árida, pero sorprendentemente rica en acontecimientos de importancia política y cultural- puede proporcionarnos cierta explicación.[1]
Cuando los croatas llegaron en el curso del siglo VII a las orillas del Adriático, encontraron viejas o recién fortificadas ciudades latinas. Los habitantes de Salona, por ejemplo, que destruyeron avaros y eslavos en 614, hallaron refugio en el soberbio palacio del emperador Diocleciano, que luego se convertirá en Split; los ciudadanos de la colonia griega Epidaurus (Cavtat), más tarde romanizados, pronto edificaron nueva ciudad denominada Ragusium, protegiéndola con altas murallas. Dentro de esa plaza fuerte vivían latinos civilizados pero temblorosos, mientras que afuera, en los robledos (dubrava, de ahí Dubrovnik), acampaban numerosos recién llegados, combativos y ansiosos de una existencia más decente y guarecida. Es obvio que, a menos por razones económicas y sociales, esos dos grupos opuestos no podían vivir permanentemente como enemigos.
Cuando el pueblo croata, siguiendo el ejemplo de sus príncipes, abrazó la religión cristiana, quedaron removidas las diferencias religiosas. Latinos y eslavos creían en el mismo Dios de amor y fraternidad; lo adoraban en los mismos templos, con frecuencia erigidos con esfuerzos aunados y los fondos de ambas poblaciones. Reconocieron la autoridad del Sumo Pontífice, que hizo todo lo posible para acercarles. Sin embargo, hasta en el terreno religioso todo no andaba sobre rieles. Las colonias latinas seguían empleando el latín en su liturgia, pera el clero croata, como los discípulos de SS. Cirilo y Metodio, defendía su derecho a rezar a Dios en su propio idioma. Los Pontífices romanos accedieron de mala gana (1248) y otorgaron a los croatas el privilegio de celebrar misa (de rito romano) en el eslavo eclesiástico, escrita en letras glagolíticas. La liturgia eslava se convirtió, con el tiempo, en el baluarte más firme de los croatas contra los latinos y en la base que impulsó el desarrollo de la literatura medieval croata[2].
Los croatas disfrutaron de independencia política durante más de tres siglos (IX-XI) y ampliaron el territorio nacional hasta los límites que reclaman hasta hoy. Luego, a raíz de la disputa entre dos facciones, cada una procurando imponer como rey a su candidato[3], los croatas se convirtieron en fácil presa de sus fuertes vecinos y tuvieron que unirse con los húngaros en 1102. Las ciudades dálmatas luchaban por los viejos privilegios y obtuvieron nuevas de los reyes húngaro-croatas, transformándose en comunidades más o menos autónomas[4]. Entraron en una era de actividad comercial y prosperidad económica que dio ímpetu a la extraordinaria vitalidad evidenciada en la arquitectura, la escultura y la pintura[5]. Los croatas participaron activamente en la vida cultural y artística de la Dalmacia medieval, A principios del siglo XII, los escultores croatas Buvina y Radovan crearon dos obras maestras: la puerta tallada en madera de la catedral de Split (1214) y el portal de la catedral de Trogir (1240)[6].
En Francia y España los invasores fueron asimilados por el elemento indígena, mientras que aquí ocurrió lo contrario. El elemento urbano latino ya muy exiguo y separado de la península itálica, rodeado por la retaguardia croata, estaba decayendo. Comprendiendo que no podían por más tiempo ignorar a los croatas o apartarse de ellos, los latinos empezaron a casarse con las jóvenes croatas. Los matrimonios mixtos significaban la primera victoria croata. Madres que sólo hablaban croata, enseñaron a sus hijos el idioma que sabían. Las ciudades dálmatas se hicieron gradualmente bilingües; si bien el latín (y después el dialecto véneto) seguía siendo el medio oficial de comunicación, el croata se usaba cada vez más en la vida privada[7]. Hay claros indicios de que Zadar estaba ya croatizada en el siglo XII. El Papa Alejandro III, al viajar de Venecia vía Zadar para encontrarse con Federico Barbarossa (1177), fue saludado por los ciudadanos en la catedral de Santa Stosija (Anastasia) "immensis laudibus et canticis altissime resonantibus in eorum Sclavica lingua"[8].
Artículo completo en: http://www.studiacroatica.org/revistas/009/00908.htm
Sunday, 20 November 2011
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